El Trabajo de la Teología

[Tomado, traducido y adaptado de Mary M. Veenema, Introducing Theological Method: A Survey of Contemporary Theologians and Approaches (Grand Rapids: Baker Academic, 2017).

El repaso de la historia del cristianismo, así como la variedad de prácticas eclesiásticas modernas, deja claro un punto importante: los cristianos no siempre están de acuerdo sobre cómo debe conducirse la vida cristiana. El desacuerdo sobre la creencia y la práctica cristianas es, en última instancia, un desacuerdo sobre la teología. Las continuas preguntas sobre la fe y la práctica cristianas requieren que los cristianos sigan haciendo el trabajo de la teología.

¿Qué es la teología? 

Las raíces griegas del término teología son theos, «Dios», y logos, «palabra» o «palabras». Alister McGrath se refiere a la teología como «hablar de Dios» y a la teología cristiana como «hablar de Dios de forma cristiana».[1] «Estudiar teología», escribe McGrath, «es pensar sistemáticamente en las ideas fundamentales del cristianismo. Es una reflexión intelectual sobre el acto, el contenido y las implicaciones de la fe cristiana».[2] Daniel Migliore escribe esto sobre la teología: «Propongo describir el trabajo de la teología como una búsqueda continua de la plenitud de la verdad de Dios dada a conocer en Jesucristo. Definir la tarea teológica de este modo subraya que la teología no es una mera repetición de las doctrinas tradicionales, sino una búsqueda persistente de la verdad a la que apuntan y que sólo expresan parcial y fragmentariamente.»[3] Poco después de esta afirmación, Migliore ha referencia a la descripción de Agustín de «la fe que busca entendimiento».[4] Thomas Oden describe la teología de esta manera: «El estudio de Dios es un intento de discusión ordenada, consistente y razonada de la Fuente y el Fin de todas las cosas. . . . El término teología es en sí mismo una definición rudimentaria que indica un discurso sobre Dios».[5]

Hay varias razones para dedicarse al trabajo teológico. Algunos emprenden la labor teológica para ayudar a explicar la realidad. Otros lo hacen para organizar la enseñanza cristiana. Otros lo hacen para criticar la vida y el pensamiento contemporáneos de la Iglesia. Por supuesto, estas razones para hacer teología no se excluyen mutuamente. Muchas personas se dedican a la tarea teológica con estos tres objetivos en mente. Es importante conocer los objetivos y los propósitos de la labor teológica, ya que pueden ayudarnos a centrar y orientar nuestro trabajo. Al mismo tiempo, conocer la razón para realizar el trabajo teológico es sólo el primer paso; es importante también dedicar algún tiempo a pensar en cómo debe realizarse el trabajo teológico, o cuál debe ser el método teológico. Debemos formular algunas preguntas clave sobre el método: ¿Por dónde empezar? ¿Qué fuentes debemos utilizar? ¿Qué preguntas específicas debemos formular? 

El trabajo de la teología 

McGrath sugiere algunas maneras de responder a la pregunta de cómo «hacer» teología. Una forma sería estudiar a algunos teólogos prominentes y examinar cómo llevan a cabo esta tarea.[6] A continuación se presentan algunos ejemplos de dos teólogos de los primeros años de la historia del cristianismo y dos teólogos del siglo XX. 

Tomás de Aquino: Escribió durante la época medieval y es conocido por tomar la filosofía de Aristóteles y tratar de sintetizarla con la teología cristiana. También se basó en gran medida en la obra de Agustín y en la Biblia.

Juan Calvino: Pertenece a la segunda generación de líderes de la Reforma Protestante. Es conocido por hacer hincapié en la providencia de Dios en su sistema teológico, aunque el papel de la providencia en su pensamiento ha sido a menudo malinterpretado. Consideraba la Biblia como la fuente principal de la teología cristiana.

Karl Barth: Probablemente el teólogo protestante más conocido del siglo XX, reaccionó fuertemente contra la teología protestante del siglo XIX y principios del XX y reclamó una teología que partiera de Dios y se basara en la Palabra de Dios.

Karl Rahner: El teólogo católico más conocido del siglo XX, reaccionó contra la teología católica común de principios del siglo XX y creyó que la teología debía hacerse comprensible para el pueblo contemporáneo. Defendía que la teología debía partir de la experiencia religiosa que tienen todas las personas.[7]

Hay un par de problemas al tratar de hacer determinaciones sobre la metodología estudiando una teología en particular. Cada uno de estos teólogos ha escrito miles de páginas. Hay eruditos que dedican toda su carrera al estudio de uno de ellos y, aun así, ¡nunca llegan a leer todos los escritos! Eso hace que este acercamiento a estudiar el método teológico sea muy difícil. Además, cada uno de estos teólogos tiene un acercamiento muy diferente.[8] Si pudiéramos ponerlos en una habitación y hablar con ellos sobre el método, probablemente tendríamos una discusión muy interesante y animada, pero rápidamente veríamos que cada uno de ellos tiene un punto de partida diferente para emprender el trabajo teológico: 

Tomás de Aquino se basaría en la filosofía de Aristóteles, en la teología de Agustín y en la Biblia, dando un peso importante a cada una de ellas.

Juan Calvino insistiría en dar un lugar primordial a la Biblia.

Karl Barth diría que la teología debe empezar por Dios y la Palabra de Dios, pero lo explicaría de forma algo diferente a como lo haría Calvino.

Karl Rahner querría empezar con un tipo particular de experiencia humana, que sería una experiencia religiosa universal que, según él, cada persona tiene, sea o no consciente de ella. 

Por esto, ¿cómo saber cuál es el mejor acercamiento? Puede que te quedes con el que esté más cerca de ti en cuanto a ubicación histórica, pero Barth y Rahner trabajaron más o menos en el mismo periodo de tiempo y claramente tienen enfoques muy diferentes. Es importante hablar del método de los teólogos. Sin embargo, para llegar al punto en el que podamos tener esa conversación, tenemos que hablar primero de las diversas fuentes de la teología y examinar de manera general lo que es el método antes de estar en condiciones de comparar las propuestas metodológicas de varios teólogos.

Hay dos cosas importantes que debemos tener en cuenta a medida que avanzamos. En primer lugar, si bien no hay un acuerdo completo sobre cómo debemos hacer teología, ya sea históricamente a través de la tradición o en la actualidad, hay un amplio acuerdo sobre las fuentes que debemos considerar en general. McGrath nos recuerda que «a lo largo de su larga historia, la teología cristiana ha apelado a tres fuentes fundamentales: la Biblia, la tradición y la razón».[9] Los cristianos generalmente están de acuerdo en la importancia de la Biblia para el trabajo teológico (así como para vivir la vida cristiana), aunque haya desacuerdos sobre cómo interpretarla y cuál puede ser su relación con otras fuentes teológicas.

Además de esto, el trabajo teológico ha sido moldeado por la ubicación histórica de quienes hacen teología, sea o no consciente el teólogo de ello. Ciertamente, la obra de Tomás de Aquino se vio significativamente moldeada por el redescubrimiento de la filosofía de Aristóteles durante el periodo medieval. El punto de vista de Calvino en su obra principal, La Institución de la Religión Cristiana, está claramente moldeado por su contexto: sus escritos reflejan muchos de los debates que se estaban produciendo durante la Reforma Protestante. La obra teológica de Barth reaccionó con fuerza a la teología protestante del siglo XIX y principios del XX. La obra de Rahner refleja tanto la influencia de la filosofía del siglo XX como una reacción a la teología católica de finales del siglo XIX y principios del XX. Además, el hecho de que la obra teológica esté influenciada por la historia también tiene sentido en la medida en que el cristianismo es fundamentalmente una fe enraizada en la historia. La teología cristiana se centra en la persona de Cristo, y la historia de Cristo nos habla de la irrupción de Dios en la historia en un tiempo y lugar determinados. Como nosotros también vivimos en un tiempo y un lugar determinados, debemos tenerlo en cuenta. El hecho de tener en cuenta el tiempo y el lugar o la ubicación del teólogo hará que algunas cuestiones teológicas sean las mismas, mientras que otras serán diferentes.

Fuentes para la teología 

La teología debe hacerse teniendo en cuenta aspectos como la revelación, las fuentes, las preguntas orientadoras y el punto de partida. Es necesario abordar estos temas antes de hablar de metodologías teológicas específicas.

Por encima de todo, si la teología es hablar de Dios, es crucial adquirir conocimientos sobre este Dios. Los cristianos creen que Dios ha decidido revelarse a la humanidad. Este acto se denomina «revelación divina».[10] La revelación divina suele presentarse de dos formas: revelación general y revelación especial. La revelación general procede del considerar al mundo entero como creado por Dios. Si Dios creó todo lo que es, entonces todo lo que es puede ser visto como una comunicación de Dios. Como resultado, las investigaciones de la creación pueden revelar cosas verdaderas sobre Dios. A menudo, la revelación general se explora a través de las ciencias naturales (que investigan el orden creado) y la filosofía (que investiga la realidad mediante el uso de la razón humana). La revelación especial es una revelación de Dios a un grupo particular de personas. Es una revelación que va más allá de lo que se revela en el acto de creación de Dios. En la teología cristiana, el principal acto de revelación especial es el acontecimiento de Cristo. La mayoría de los teólogos consideran que la palabra de Dios revelada en el texto bíblico también constituye una revelación especial.

Algunos han argumentado que la mejor manera de describir la diferencia entre la revelación especial y la revelación general es sostener que la revelación general es la revelación para todas las personas, mientras que la revelación especial es la revelación para un grupo selecto de personas (es decir, los cristianos). El problema con este punto de vista es que, fuera de ciertos círculos que enfatizan fuertemente la predestinación, la mayoría de los cristianos han sostenido que Cristo murió por todas las personas. Si este es el caso, el grupo «cristiano» es potencialmente universal, aunque no lo sea en la actualidad. Tal vez sea mejor argumentar que la revelación general es aquella de la que todas las personas pueden conocer algunas verdades, independientemente de la persuación religiosa. La revelación especial es potencialmente para todas las personas, pero para que uno la reciba como revelación, se requiere una decisión religiosa previa.

Pensar en la revelación nos lleva a considerar una cuestión más amplia en la teología cristiana. ¿Qué fuentes deben utilizarse? La respuesta a esta pregunta depende en gran medida de a quién se le pregunte. Todos los teólogos cristianos afirman que la Biblia es importante, pero difieren en cuanto al papel exacto que debe tener la Biblia.

Martín Lutero, junto con otros reformadores, defendió el principio de la sola scriptura. Aunque no era la intención de Lutero, algunos han interpretado el principio de sola scriptura para insistir en que el texto bíblico debe ser la única fuente de teología y que ninguna otra fuente tiene que ver con esa labor.

Este punto de vista presenta dos problemas. El primer problema es de tipo histórico: Lutero no pretendía que el principio de la sola scriptura sugiriera que la escritura fuera la única fuente de teología. Su interpretación de la sola scriptura era que la Escritura debe ser la fuente principal de la teología. En otras palabras, la Escritura tiene la mejor baza o tiene poder de veto sobre cualquier otra fuente potencial. Un problema añadido surge al considerar la cuestión de lo que podría significar tener la escritura como única fuente de teología. Basta con mirar la historia del cristianismo y la amplitud del cristianismo contemporáneo para saber que no todos los cristianos leen la Biblia de la misma manera. A pesar de las afirmaciones sobre la autointerpretación de la Biblia, parece que a menudo no hay una lectura clara e inmediata del texto. Además, el texto bíblico no se compone de un solo género. Dos tipos de géneros particularmente significativos para los fines de esta discusión son la poesía y las parábolas. Se trata de géneros que explícitamente no están destinados a ser tomados literalmente. En consecuencia, no se puede obtener un significado «simple» o «llano» del texto, aparte de la labor de interpretación.

Si la interpretación es necesaria (y en realidad lo es para todo el texto bíblico), es difícil argumentar que el texto bíblico pueda ser la única fuente de teología. Si el texto no transmite un significado claro aparte de la interpretación, entonces la propia interpretación también debe desempeñar un papel en la comprensión. En ese caso, se añade algo al texto bíblico para obtener su significado. La pregunta que surge de la necesidad de la interpretación es ¿qué es lo que informa a la propia interpretación?

Como se ha dicho antes, los teólogos han sostenido a menudo que todos los cristianos son teólogos; la cuestión importante es si uno es un buen teólogo. Todos los cristianos son teólogos en el sentido de que todos tienen creencias particulares sobre Dios que obtienen de las Escrituras y de otras fuentes de la teología. En consecuencia, emiten juicios teológicos particulares. Del mismo modo, todos los lectores del texto bíblico son intérpretes. Hacen juicios particulares sobre el significado del texto. De la misma manera, todos los lectores del texto bíblico son intérpretes. Hacen juicios acerca de lo que el texto significa. Lo que hay que preguntarse es ¿en qué se basan esos juicios?

Esto nos lleva a una conversación sobre el tipo de fuentes necesarias para la teología. Como hemos visto, sola scriptura no significa históricamente que la Biblia sea la única fuente de teología. Mucha gente se cuestiona hoy en día si es realmente posible tener una teología que se base únicamente en la Biblia. Si no lo es, ¿qué otras fuentes pueden ayudar a los teólogos a comprender mejor la revelación?

Históricamente, los teólogos han hablado de la tradición, la razón y la experiencia, además de las Escrituras, como fuentes potenciales para el trabajo teológico. La tradición puede referirse a la tradición de una rama concreta del cristianismo o a la historia de la Iglesia en su conjunto. El alcance de la tradición suele ser definido por la comunidad que la reclama. Una cosa que hay que tener en cuenta al pensar en las tradiciones es que la mayoría de las definiciones de la tradición cristiana se centran en una rama o un subconjunto más pequeño del cristianismo. Esto influye en la forma en que los distintos cristianos entienden el término tradición.

El valor de la tradición es que parece ofrecer una ayuda para la lectura de las escrituras. Si la Escritura se interpreta mejor en comunidad que en solitario, la tradición amplía la comunidad de lectura de quien se acerca a la Escritura. Con la tradición, la lectura de los textos sagrados en comunidad no sólo implica la lectura con personas del propio contexto, o incluso con personas ajenas a él pero que viven en la misma época, sino que implica la lectura con otras personas que han vivido en lugares y tiempos diferentes. Este tipo de comunidad de lectura puede ayudar a un lector a empezar a identificar las cegueras que son culturalmente condicionadas y empezar a ver otras opciones para interpretar el texto. Aunque la tradición se define de forma diferente en las distintas comunidades cristianas, todas ellas tienen tradiciones. Esto significa que pretender no tener una tradición es problemático. Además, los que sostienen que hacen teología sin tradición probablemente no sean honestos sobre las formas en que sus propios contextos influyen en la forma en que leen e interpretan la Biblia.

Además de la tradición, muchos teólogos consideran que la razón humana es una fuente para la teología. Esto se relaciona con la discusión anterior sobre la revelación general. Si Dios creó todo lo que existe, como afirma la teología cristiana, entonces Dios creó el intelecto humano y dotó a los seres humanos de la capacidad de investigar el mundo que les rodea. De ello se deduce que el uso de la razón en la teología debería ser permisible. Diferentes pensadores harán diferentes afirmaciones sobre cómo se emplea la razón. Algunos argumentarán que la razón forma parte de la metodología y tiene que ver con la forma en que se construyen los argumentos teológicos. Otros argumentarán que la razón es una fuente genuina y que, por tanto, consultarán el trabajo de los filósofos para construir argumentos teológicos.

La experiencia es una última fuente potencial para la teología. El «cuadrilátero wesleyano» incluye las Escrituras, la tradición, la razón y la experiencia. En este contexto, la experiencia se considera una de las cuatro fuentes de autoridad para la teología.[11] En otros contextos, la experiencia puede ser lo que aporte cuestiones críticas que deban abordarse.

Preguntas Orientadoras y Punto de Partida

En cuanto a la metodología teológica, hay que hacer dos últimas consideraciones: las preguntas orientadoras y el punto de partida. Las preguntas orientadoras son las que impulsan el enfoque teológico de un determinado pensador. Estas preguntas pueden referirse a las necesidades del contexto contemporáneo, a la base filosófica de las afirmaciones teológicas, a las afirmaciones de la tradición o a las afirmaciones del texto bíblico. Volvamos a Karl Rahner por un momento para considerar la importancia de una pregunta orientadora. Rahner estaba interesado en la unión de la teología tomista con el método trascendental. Una pregunta clave para el método trascendental era la de las condiciones necesarias para que una cosa determinada ocurra. Esto llevó a Rahner a comenzar su trabajo preguntando si se daban las condiciones necesarias para que los seres humanos recibieran la revelación de Dios, en caso de que éste decidiera revelarse a la humanidad.

Las preguntas orientadoras están conectadas con los puntos de partida de una manera crítica, como se puede ver con el ejemplo de Rahner. Si Rahner comienza planteando la pregunta sobre el ser humano que recibe la revelación de Dios, su punto de partida será la búsqueda de la respuesta a esa pregunta. Rahner comienza su obra Hearer of the Word considerando al ser humano y mostrando cómo el ser humano podría recibir la revelación de Dios, en caso de que Dios decidiera dársela.

Otros pensadores tienen puntos de partida muy diferentes. Mientras que Rahner comienza su trabajo esencialmente con el ser humano, Karl Barth protestó enérgicamente contra los enfoques que comienzan con el ser humano. Barth estaba preocupado por lo que consideraba antropocentrismo (centrado en el ser humano) en el liberalismo protestante del siglo XIX. Por ello, quería encontrar una teología que no fuera fundamentalmente antropocéntrica. En consecuencia, insistió en que la teología debe partir de Dios y de la Palabra de Dios, y no del ser humano. Además de las consideraciones sobre Dios y la humanidad, muchos pensadores comienzan su trabajo teológico con cuestiones que surgen del contexto contemporáneo. Lo veremos claramente en la obra de Tillic, Dulles y otros. Así pues, varios pensadores tienen importantes preguntas orientadoras para su trabajo teológico, y muchas de ellas surgen de sus puntos de partida distintivos. 


NOTAS

[1] Alister E. McGrath, Theology: The Basics, 2nd ed. (Malden, MA: Blackwell, 2004), vii.

[2] Ibid

[3]Daniel L. Migliore, Faith Seeking Understanding: An Introduction to Christian Theology, 2nd ed. (Grand Rapids: Eerdmans, 2004), 1.

[4] Ibid., 2.

[5] Thomas C. Oden, Classic Christianity: A Systematic Theology (San Francisco: HarperOne, 2009), 5.

[6] McGrath, Theology, xii.

[7] Ibid., xiii.

[8] Ibid

[9] Ibid., xv.

[10] No todos los teólogos sostienen que el conocimiento de Dios puede obtenerse a través de la revelación general.

lación general. Karl Barth es un ejemplo destacado de un teólogo que sostiene este punto de vista.

[11] Para más información del Cuadrilatero Wesleyano vea Don Thorsen, The Wesleyan Quadrilateral: Scripture, Tradition, Reason, and Experience as a Model of Evan- gelical Theology (Lexington: Emeth, 2005).

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