Escritos apocalípticos en el período del Segundo Templo

[Tomando, traducido y adaptado de Everett Ferguson, Backgrounds of Early Christianity (Grand Rapids: Eerdmans, 2003), 588-592.]

Los escritos apocalípticos se encuentran en cuatro de las categorías artificiales (desde el punto de vista literario) de la literatura del período del Segundo Templo: los cánones judíos y cristianos de las Escrituras (Daniel, Apocalipsis), los apócrifos (2 Esdras), los pseudoepígrafos (Enoc etíope, Apocalipsis siríaco de Baruc, por nombrar sólo los representantes más puros) y los Rollos del Mar Muerto (Rollo de la Guerra). No fueron la expresión particular de ningún grupo religioso. Aunque la literatura apocalíptica tiene una prehistoria en Isaías 24-27, Ezequiel y Zacarías, el primer apocalipsis canónico fue Daniel.

Debemos tener en cuenta varias distinciones, ya que no hacerlo ha complicado aún más el estudio de este tema, tan extraño para muchos lectores de la Biblia. En primer lugar, hay que distinguir el término apocalíptico del término escatológico. Escatología, que significa «las últimas cosas», es un término amplio y se refiere a todo lo que está influenciado por una doctrina del fin de los tiempos. Apocalipsis significa revelación o desvelamiento y normalmente se refiere al tipo de escrito que da una revelación de conocimiento oculto, particularmente del control de Dios sobre cuándo y cómo termina la historia. La forma literaria de un apocalipsis, sin embargo, puede emplearse para temas que tienen poco o nada que ver con la escatología propiamente (como los apocalipsis gnósticos que revelan la comprensión gnóstica de la existencia, el Pastor de Hermas que trata de la vida y el arrepentimiento cristianos, o incluso el Apocalipsis de Pedro con sus revelaciones sobre la condición de los condenados, aunque trata de la «escatología» pero no contiene la característica preocupación apocalíptica por el inminente fin de la historia). Además, el simbolismo de los apocalipsis podría emplearse en mensajes de otro tipo (algunos sostienen que esto se aplica al Apocalipsis de Juan).

Estos comentarios ya sugieren otra distinción importante. Hay que distinguir entre el carácter literario de un apocalipsis y el mundo de las ideas en la literatura apocalíptica. La confusión se reduciría si utilizamos «apocalíptico» como adjetivo para un «modo de revelación» o el contenido de la revelación, y en lugar de «apocalíptico» utilizamos «apocalipsis» como sustantivo para el género literario, «escatología apocalíptica» para un conjunto de ideas y «apocalipticismo» para una ideología social. Aquí debemos describir estos fenómenos en generalizaciones a las que hay frecuentes excepciones y diversos grados de pureza en el tipo (no había un «manual de estilo» de lo que debe ir en un apocalipsis).

En cuanto a la forma literaria, un escrito apocalíptico era normalmente seudónimo. (El Apocalipsis de Juan es una excepción obvia, escrito por un profeta bajo su propio nombre a comunidades que lo conocían bien y sin ningún esfuerzo por presentar su mensaje como una revelación del pasado antiguo; Ap 1:1-2). Un apocalipsis suele presentarse como una visión, un sueño o un viaje sobrenatural recibido por uno de los grandes hombres del pasado de Israel (Enoc, Esdras, etc.), escrito, luego sellado y escondido según el decreto de Dios, y ahora dado a conocer a la generación que debe experimentar las cosas previstas. Los apocalipsis se clasifican comúnmente como «cósmicos» o «históricos». A menudo hay un intérprete angélico. Los apocalipsis basados en un viaje al otro mundo incluyen 1 Enoc 1-36; 37-71; 72-82; 2 Enoc; Testamento de Abraham; Testamento de Leví 2-5; Apocalipsis de Sofonías. Parte de lo que se presenta como predicción es a menudo un repaso simbólico de la historia hasta la propia época del autor real. Esto, más el material «científico» sobre la estructura del cosmos, aparentemente funcionaba para dar credibilidad al mensaje relativo al fin. El repaso de la historia en forma de futuro es un rasgo común de la apocalíptica, pero no está presente en todas, al igual que un viaje al otro mundo está presente a menudo, pero no siempre. Los apocalipsis «históricos» incluyen Daniel; 1 Enoc 85-90; 93; 91:11-19; 4 Esdras; y 2 Baruc. El relato de la revelación se presenta en diferentes formas literarias en distintos libros: algunos presentan el material en el marco de un discurso de despedida (testamento), otros como un discurso predictivo y otros como el relato de una visión. Otras formas literarias empleadas son el discurso oracular, la reescritura interpretativa de la Biblia (midrash), la oración y la parénesis. A menudo se emplea más de una de estas formas literarias en la misma obra. Es frecuente el uso de repeticiones y patrones recurrentes. Todo se cuenta con un colorido sobrenatural. Llama la atención el lenguaje altamente figurativo. Las imágenes se inspiran en la mitología del Cercano Oriente, el Antiguo Testamento y el sincretismo helenístico. Las naciones extranjeras son representadas como bestias salvajes y voraces, Israel como animales domesticados, los gobernantes como cuernos, los ángeles y los seres sobrenaturales como estrellas. Los números también tienen un significado simbólico.

Los escritores modernos suelen referirse al mundo del pensamiento más que al género literario cuando hablan de apocalíptica. Puede decirse que la escatología apocalíptica presenta una filosofía de la historia. Se ocupa de la historia universal, pero especialmente en lo que afecta al pueblo de Dios. Aunque gran parte del estudio de la literatura apocalíptica se ha centrado en su escatología, la principal preocupación de sus autores era la revelación (como indica la palabra apocalipsis) más que la escatología. Los acontecimientos marchan hacia una meta predeterminada; pero mientras la historia está bajo control divino, las decisiones individuales no lo están. Hay un universalismo y un individualismo en el apocalipsis. Los planes de Dios son universales, pero el individuo (no la nación en su conjunto) decide de qué lado está y, por tanto, en qué lugar se situará en el cataclismo final. Una visión apocalíptica de la historia es muy pesimista. Sólo un acto de Dios que actúe desde el exterior y ponga fin a la historia liberará a su pueblo y vencerá al mal. El final se espera de forma inminente. Las esperanzas humanas se centran en el más allá. Existe, por tanto, un dualismo de las dos edades, la presente edad del mal (Gál. 1:4) y la edad venidera (Heb. 6:5). Además de esta doctrina de las dos edades, la literatura apocalíptica desarrolló otros dos contrastes a partir de su herencia judía: el dualismo ético entre el bien y el mal y el dualismo «espacial» entre el cielo y la tierra, Dios y el mundo. Destaca la trascendencia divina. Esto está quizá relacionado con la angelología y demonología bien desarrolladas del pensamiento apocalíptico: la distancia entre Dios y la humanidad se llenó de seres intermedios, buenos y malos.

El apocalipticismo tenía sus raíces en las fuentes sacerdotales y de la Sabiduría israelitas, y especialmente en la profecía. La seudonimia en la literatura apocalíptica apunta a la ausencia de profecía en esta época en Israel: sólo apelando a un nombre sagrado en el pasado se podía mantener la pretensión de revelación. Hay pasajes apocalípticos en varios libros proféticos; sin embargo, hay algunas diferencias definidas entre la profecía hebrea clásica y el apocalipticismo. Éstas pueden ser exageradas, pues hay gradaciones y excepciones, pero en general podemos señalar estas diferencias: (1) En la profecía el futuro surge del presente y se busca la salvación y el cumplimiento en la historia, pero en el apocalipsis el futuro representa una ruptura radical, pues hay un pesimismo sobre la historia y Dios debe intervenir desde fuera y poner fin a la historia. (2) La profecía es condicional y contingente: Jonás dijo: «Cuarenta días y Nínive será destruida», pero no fue así; sin embargo, no era un falso profeta ni su mensaje era falso. Algo más -el arrepentimiento de Nínive- intervino. Por el contrario, el apocalipsis presenta la historia como predeterminada desde el principio. (3) Los mensajes proféticos fueron en gran medida mensajes predicados, pero los apocalipsis fueron un producto literario, hasta donde podemos determinar, aunque su escenario sociológico real aún no se ha establecido completamente. (4) Los oráculos proféticos eran a menudo de forma poética, mientras que los apocalipsis eran en prosa (aunque es difícil determinar esto porque los apocalipsis se conservan principalmente en traducciones).

¿Los apocalipsis eran relatos de experiencias visionarias reales o eran producciones literarias eruditas basadas en temas anteriores? Es difícil saberlo ahora, pero es probable que sobrevivan apocalipsis de ambas categorías.

Es necesario estudiar más el entorno social del apocalipsis. Se originó y se repitió en tiempos de opresión y entre grupos que experimentaban alienación, pero su perspectiva escatológica tuvo una amplia influencia, afectando a muchos fariseos y rabinos, así como a grupos sectarios como la comunidad de Qumran. El apocalipticismo floreció especialmente en los tiempos de prueba impuestos por la ocupación extranjera de Palestina. Se escribió para responder a la cuestión de cómo podía cuadrar la persecución continua con Israel como pueblo elegido y con Dios como justo y misericordioso. Los escritores trataron de fortalecer la fe e infundir esperanza. Lo hicieron a través de un universo simbólico que enfatizaba lo que Dios está haciendo en el nivel cósmico en contraste con la existencia mundana. Parece ser una característica de los escritos apocalípticos que el mensaje escatológico vaya seguido de una exhortación a un tipo de vida adecuado a la situación; lo mismo se encuentra en el Nuevo Testamento (Mc 13; 1 Ts 4-5; 1 P 4:7ss).

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