Métodos modernos y posmodernos de interpretación bíblica

[Tomado, adaptado y traducido de Joel B. Green «Modern and Postmodern Methods of Biblical Interpretation», en Scripture and Its Interpretation: A Global, Ecumenical Introduction to the Bible, ed. Michael J. Gorman (Grand Rapids: Baker Academic, 2017).]

Aunque es crucial para la interpretación bíblica moderna y posmoderna, la preocupación por el método precede al surgimiento del período moderno a finales del siglo XVIII, como se ha señalado en el capítulo anterior [no incluido en esta traducción]. En Sobre la Doctrina Cristiana, San Agustín (354-430), por ejemplo, expresó su objetivo de identificar y explicar las reglas de interpretación de las Escrituras. Él y otros intérpretes patrísticos y medievales desarrollaron estrategias para discernir los diversos sentidos de un texto de la Escritura. Y la Reforma vio el surgimiento de manuales de interpretación centrados en criterios para lograr lecturas legítimas. Sin embargo, la interacción con las reglas de Agustín, la exégesis cuádruple medieval, o estos manuales posteriores ponen en claro el valor del método en la era moderna. Agustín se preocupa por una serie de problemas derivados de las ambigüedades de los textos bíblicos, pero su afirmación más memorable es su insistencia en que las lecturas de la Escritura deben juzgarse en función de si cultivan el amor a Dios y el amor al prójimo (Sobre la Doctrina Cristiana 1.36.40). En la Edad Media, el cuádruple sentido de la Escritura suponía que los significados literales y espirituales no competían entre sí. Y para citar una sola ilustración de la época posterior a la Reforma, Augusto Herman Francke (1663-1727) organizó su libro, A Guide to Reading and Study of the Holy Scriptures, en torno a «la letra de las Escrituras» (centrándose, por ejemplo, en la gramática, la historia y la estructura literaria) y el significado espiritual de la Escritura (con referencia, por ejemplo, a la doctrina de la Iglesia y el cultivo de la santidad). Los intérpretes de la época premoderna pueden introducir cuestiones históricas para aclarar hábitos de pensamiento y expresión ajenos o para evitar el misticismo o la espiritualización incontrolada. Sin embargo, en sus manos, la investigación histórica no ponía en tela de juicio la unidad básica de las Escrituras, ni cuestionaba la capacidad de las Escrituras para revelar la voz de Dios o amenazar las afirmaciones centrales de la fe cristiana. Todo esto cambiaría dramáticamente con el surgimiento de la interpretación bíblica moderna.

El giro moderno: La autonomía

Entre las etiquetas que podríamos utilizar para caracterizar la interpretación bíblica moderna, la autonomía puede ser la descripción más adecuada. Los intérpretes bíblicos deben actuar de manera autónoma o independiente: independiente de la fe (o falta de fe) del propio intérprete, independiente de la teología de la iglesia e independiente de la autoridad e influencia de la iglesia (o de cualquier otra). Los intérpretes bíblicos deben ir a donde el texto les lleve. En cuanto a los materiales bíblicos, deben ser leídos sin tener en cuenta cómo han sido leídos por los intérpretes anteriores, sin referencia a su ubicación dentro del canon bíblico y, de hecho, muy aparte de su estatus como Escritura. Este enfoque refleja los valores de la Ilustración del siglo XVIII y sus secuelas.

Johann Philipp Gabler (1753-1826) articuló esta autonomía desde muy temprano, cuando distinguió metodológicamente entre la teología dogmática y la teología bíblica en su conferencia inaugural de 1787 en la Universidad de Altdorf. La «teología bíblica», enseñó, tiene su origen en el pasado, cuando se redactaron por primera vez los textos bíblicos, mientras que la «teología dogmática» (hoy podríamos decir «teología sistemática») se refiere a las enseñanzas posteriores de los teólogos en determinados tiempos y lugares. Pensando en la teología bíblica, Gabler esbozó un proceso de tres etapas: (1) un cuidadoso análisis lingüístico e histórico de la Biblia; (2) el involucramiento en una tarea sintética, cuyo propósito es identificar las ideas comunes entre los escritores bíblicos; y (3) la obtención de los principios eternos y universales de la Biblia. Luego, a partir de estos principios intemporales, era tarea de los teólogos dogmáticos adaptarlos a contextos particulares. Según esta formulación, los estudios bíblicos de la era moderna se ocupaban de lo que significaban los materiales bíblicos cuando los pronunciaba o escribía el profeta o el sacerdote, el evangelista o el apóstol, independientemente de su importancia para las comunidades de fe posteriores. Tal objetivo requería el desarrollo de nuevos métodos de interpretación.

Métodos modernos de interpretación bíblica

Con el tiempo, los enfoques modernos de la interpretación bíblica llegaron a ser conocidos simplemente como «crítica bíblica», y especialmente como «crítica histórica». En consecuencia, aquellos que no utilizan métodos histórico-críticos han sido considerados a veces como «no críticos» en su lectura de la Biblia. Del mismo modo, los eruditos a veces se refieren a los intérpretes bíblicos antes del surgimiento de la crítica bíblica moderna en el siglo XVIII como «pre-criticos». Sin embargo, estas evaluaciones son problemáticas, ya que asumen que los lectores de la era moderna son los primeros en tener las herramientas y métodos necesarios para juzgar entre lo correcto y lo incorrecto, o lo bueno y lo malo, en las lecturas de los materiales bíblicos. Esta forma de contar la historia de la interpretación bíblica supone que la única (o la principal) forma de decidir entre las buenas y las malas lecturas es estudiando la historia que hay detrás del texto bíblico. Este enfoque sitúa con arrogancia la crítica bíblica moderna como el punto culminante de la buena interpretación; pasa por alto ciegamente la forma en que los intereses literarios, teológicos, misionales y de otro tipo pueden configurar lo que constituye una «buena» lectura de la Biblia; e irónicamente no reconoce el grado en que la propia crítica bíblica moderna surgió en un determinado momento (la era posterior a la Ilustración) y lugar (en Occidente) y, en lugar de promover una interpretación neutral y objetiva, se configura contextualmente.

Crítica histórica

La «crítica histórica» se refiere a una familia de métodos caracterizados por el compromiso con el modelo de un supuesto intérprete neutral u objetivo y su énfasis innegociable en la interpretación de los textos bíblicos con referencia únicamente a sus contextos históricos. Los intérpretes se denominan, pues, historiadores y se les encomienda el ideal de dejar de lado sus propios intereses (ya sean filosóficos o religiosos o políticos o sociales) al trabajar con estos textos antiguos. Los textos bíblicos deben ser leídos según las convenciones literarias y socioculturales de su época, en el contexto de los tiempos y lugares pasados tal como fueron realmente, y con las salvaguardias necesarias para garantizar que los lectores no interpreten el pasado a la luz del presente. El estudio moderno de los textos bíblicos requiere una serie de métodos estrechamente relacionados, o críticas, incluyendo la crítica histórica, la crítica de las fuentes, la crítica de las formas, la crítica de la tradición y la crítica socio-científica.

Aunque la «crítica histórica» puede utilizarse como una descripción general de la interpretación bíblica moderna, también puede referirse más específicamente al método por el cual los historiadores recurren a todas las fuentes antiguas de las que disponen para reconstruir los acontecimientos del pasado con el fin de narrar la historia del pasado. Entre estas fuentes, el texto bíblico es sólo una, y se coloca junto a otros textos y/o pruebas arqueológicas de aproximadamente la misma época. Además de cernir entre las fuentes antiguas, los historiadores también trabajan con ciertas suposiciones sobre lo que podría haber ocurrido en el pasado, o sobre lo que cuenta como una explicación adecuada para los eventos históricos. Los historiadores, por ejemplo, suponen que los acontecimientos y procesos históricos pueden explicarse en términos de causas y efectos naturales, sin referencia a la influencia o intervención divina. La «verdad», para la crítica histórica, no está determinada teológicamente, ni se puede encontrar leyendo el texto bíblico en sí. La verdad se encuentra detrás del texto, como una propiedad de los acontecimientos históricos que son descubiertos o construidos por los historiadores. Cuando los intérpretes bíblicos intentan explicar lo que realmente ocurrió en la formación de Israel como pueblo, plantean preguntas sobre la existencia histórica de David o intentan escribir una biografía » precisa » de Jesús, están haciendo el trabajo de la crítica histórica.

Crítica de las fuentes

La crítica de las fuentes implica el análisis de los textos bíblicos en busca de pruebas de las fuentes escritas u orales en las que se basan. Este enfoque surgió a finales del siglo XIX en la obra del erudito alemán Julius Wellhausen (1844-1918). En cuanto a la composición del Pentateuco, él desarrolló una teoría que ha llegado a llamarse la «Hipótesis Documentaria». Según Wellhausen, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, o Biblia hebrea (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), fueron compuestos utilizando cuatro fuentes independientes:

  • J-la fuente yahvista, que se originó en el reino del sur de Judá a mediados de los 900s AEC, utiliza el nombre YHWH («Yahveh») para Dios (en alemán, «Jahweh» comienza con J);
  • E-la fuente Elohista, que se originó a mediados de los 800s AEC en el reino septentrional de Israel, se caracteriza por utilizar el nombre «Elohim» para Dios;
  • D-la fuente deuteronomista, que data de finales del 600s AEC, en Jerusalén; y
  • P – la fuente sacerdotal, que surgió a mediados de los 400s AEC.

En resumen, el Pentateuco no fue escrito por Moisés, como se suponía, sino que fue una compilación de estas fuentes por un editor o redactor posterior. Desde finales del siglo XX, los eruditos han defendido modelos más complejos para la escritura del Pentateuco, pero la crítica bíblica moderna sigue asumiendo que estos libros tienen una historia compleja, con muchas manos trabajando durante varios siglos antes de que lo que conocemos como los primeros cinco libros de la Biblia alcanzaran su forma actual.

La crítica de la fuente se extendió rápidamente desde el estudio del Pentateuco al estudio de los Evangelios del Nuevo Testamento. El análisis moderno se centra especialmente en las relaciones entre los Evangelios Sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas («sinópticos» ya que tienen una «visión común» de la carrera de Jesús). En la crítica de las fuentes del pentateuco, la atención podría centrarse en la alternancia entre los nombres de Dios, en la presencia de otras tendencias teológicas identificables, o en las costuras del texto que sugieren que un estilo de escritura ha dado paso a otro. Con los Evangelios, el enfoque es algo diferente, ya que en este caso tenemos múltiples versiones del mismo episodio. Por ejemplo, consideremos los relatos sinópticos de la oración de Jesús en la noche de su arresto (Mt 26:29-45; Mr14:35-41ª; Lc 22:41-46).

Incluso cuando se leen estos relatos paralelos en una traducción contemporánea, es fácil observar que (1) los tres relatos cuentan básicamente la misma historia; (2) en varios puntos, dos o tres de estos relatos se corresponden estrechamente en términos de uso y orden de las palabras; y (3) en otros puntos, uno o dos de estos relatos siguen su propio camino al contar la historia. El análisis minucioso de una sinopsis de los Evangelios, que pone las narraciones de los Evangelios en paralelo unas con otras, como este breve ejemplo, revela rápidamente que este tipo de superposición se encuentra a lo largo de los Evangelios Sinópticos, aunque más raramente cuando se compara el Evangelio de Juan con los otros Evangelios del NT. De hecho, los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas comparten un alto grado de similitud en su contenido, de modo que cerca del 95 por ciento del Evangelio de Marcos también se encuentra en los Evangelios de Mateo y Lucas. Comparten la misma estructura básica. Y comparten un vocabulario y un estilo literario similares – esto es sorprendentemente porque (1) estas similitudes están presentes a pesar del hecho de que la mayoría o todas estas historias se habrían originado en arameo y ahora se cuentan en griego; (2) el orden de las palabras en griego es relativamente libre en comparación con el inglés [o español], pero las similitudes en los evangelios a menudo se extienden a la secuencia de palabras; y (3) hay pocas probabilidades de que tres evangelistas, trabajando en diferentes tiempos y en diferentes partes del Imperio Romano, hayan contado el mismo relato usando exactamente las mismas palabras.

Observaciones como estas llevaron a los eruditos a asumir que estos tres Evangelios comparten algún tipo de relación literaria, aunque los eruditos difieren en cómo explican esa relación. Una lista de teorías prominentes incluye estas cuatro:

  1. En la Hipótesis de los Cuatro Documentos, el Evangelio de Marcos fue escrito primero («prioridad de Marcos»), y los autores de Mateo y Lucas utilizaron a Marcos, al igual que dos de otros tres documentos: Q (normalmente entendido como una abreviatura de la palabra alemana Quelle, «fuente»), M (fuente especial de Mateo), y L (fuente especial de Lucas).
  2. En la Hipótesis de los Dos Documentos, el Evangelio de Marcos fue escrito primero, y los autores de Mateo y Lucas usaron el Evangelio de Marcos y Q, pero también conocieron y usaron otras tradiciones orales.
  3. En la Hipótesis de Farrer, defendida por Austin M. Farrer (1904-1968) y apoyada recientemente por Mark Goodacre, Marcos fue el primer Evangelio, Mateo usó a Marcos (y otras fuentes), y luego Lucas usó tanto a Marcos como a Mateo.
  4. En la Hipótesis de Griesbach, propuesta por Johann Jakob Griesbach (1745-1812), el primer Evangelio fue el de Mateo, Lucas hizo uso de Mateo, y Lucas y Mateo fueron usados por Marcos.

Por lo tanto, desde una perspectiva de crítica de las fuentes, los cuatro Evangelios no fueron escritos por los evangelistas cuyos nombres llevan (Mateo o Juan, por ejemplo), sino que son el producto de una cuidadosa combinación y edición de fuentes anteriores. Dado que, desde el punto de vista de la crítica histórica, se tiende a dar prioridad a los materiales anteriores sobre los posteriores, la crítica de la fuente es importante por la forma en que permite el acceso a las tradiciones orales y/o escritas que hay detrás de los textos finales de los Evangelios.

Crítica de forma y crítica de la tradición

La crítica de las formas clasifica las unidades del texto bíblico según patrones literarios, o formas, y luego trata de identificar la relación entre las formas de esas unidades y sus funciones en los entornos sociohistóricos de las comunidades en las que se transmitieron oralmente. Hermann Gunkel (1862-1932) fue pionero del método, tratando de clasificar el género de cada salmo (i. e., lamento, salmo real) o, en el caso del Génesis, de una unidad textual, e investigando el papel de ese tipo de texto en la vida comunal de Israel, por ejemplo, tras una catástrofe nacional, en el nacimiento o coronación de un rey o en una peregrinación a Jerusalén. En los estudios del NT, los críticos de formas se centraron en pequeñas unidades de texto llamadas pericopes, clasificadas según el género o la forma (i.e., la parábola, la historia de un milagro); luego asociaron cada forma con una situación particular de la vida (Sitz im Leben en alemán), como la apologética misionera, la instrucción comunitaria o el culto. Utilizando esta estrategia de lectura, los estudiantes de la Biblia trataron de abrir una ventana a la vida de las comunidades que preservaban, formaban y transmitían las tradiciones orales que con el tiempo encontrarían su camino en los textos que leemos hoy en día.

«Crítica de la tradición» se refiere al estudio del proceso por el cual los eventos históricos llegaron a ser contados, formados en las tradiciones orales y escritas, e incluidos en las narraciones históricas de la Biblia. Por ejemplo, los críticos de la tradición trabajan para ir al trasfondo de las biografías de Jesús que tenemos en los Evangelios, o la historia de la iglesia primitiva en los Hechos de los Apóstoles, con el fin de averiguar lo que realmente ocurrió. Hoy en día estos críticos tienden a trabajar en una de tres formas.

La primera es la más tradicional y se caracteriza por el uso de criterios de autenticidad para determinar los fundamentos de los dichos y eventos que se cree que nos dan acceso genuino al Jesús histórico. La lista de tales criterios es larga, incluyendo los siguientes:

  • múltiples testimonios: múltiples fuentes atestiguan el mismo dicho o evento;
  • disimilitud: un dicho atribuido a Jesús es diferente tanto de lo que encontramos en el judaísmo contemporáneo aparte de Jesús, como de lo que encontramos en la predicación de los primeros cristianos; y
  • vergüenza: dichos que la iglesia primitiva no habría fabricado porque habrían avergonzado a sus líderes.

Así pues, un dicho atribuido a Jesús que aparece en múltiples fuentes (i.e., Marcos y Q), no se parece al material que se encuentra en los textos judíos o cristianos primitivos, y es potencialmente embarazoso (i.e., una crítica a la falta de fe de los discípulos) se considera más probable que sea una palabra auténtica de Jesús. Tras determinar lo que creen que son dichos auténticos de Jesús o acontecimientos de su vida, los historiadores organizan estos datos en secuencias narrativas para proporcionar -como alternativa a los Evangelios del Nuevo Testamento- una representación supuestamente más exacta desde el punto de vista histórico del pasado.

El segundo enfoque adopta una postura menos escéptica hacia la evidencia y comienza con una probable visión general histórica de lo que pasó. Los datos de los Evangelios y los Hechos se organizan entonces en una narración basada en su coherencia con esa comprensión global de lo que probablemente ocurrió. Este es el enfoque básico, por ejemplo, de N. T. Wright.

El tercer y más reciente enfoque trae lecciones del estudio de la memoria social al estudio de los Evangelios y los Hechos. Este enfoque no busca fundamentos históricos ni comienza con una teoría sobre la historia general de lo que probablemente ocurrió. En cambio, el historiador analiza cómo los eventos y dichos tienen sentido dentro de sus marcos narrativos existentes en el Nuevo Testamento. Este método sirve al interés del crítico por conceptualizar y articular cómo los grupos sociales se apropian del pasado al servicio del presente; se pregunta qué pasado real inferido explica mejor las representaciones narrativas del pasado que encontramos en la Biblia.

Crítica de la redacción

La crítica de la redacción se centra en cómo la reformulación, o redacción, de las primeras tradiciones es significativa para una comunidad posterior. Así pues, la crítica de la redacción supone los resultados de la crítica de las fuentes y crítica de las formas y estudia cómo se han editado (o redactado) esas fuentes orales y escritas en la preparación de un nuevo texto. Aunque los críticos de las formas dejaron muy poco espacio para las contribuciones teológicas o literarias de los autores de los libros bíblicos, la crítica de la redacción pone de relieve esas contribuciones, tanto en lo que respecta a lo que los autores adoptan de sus fuentes como en lo que se refiere a la forma en que adaptan esas fuentes para sus propios fines.

Considere las diferencias entre Mateo, Marcos y Lucas en el relato de la oración de Jesús la noche en que fue arrestado (mencionado anteriormente). Si el autor de Mateo conocía y usaba el Evangelio de Marcos como fuente, ¿cómo explicamos los cambios, tanto grandes como pequeños, que ha hecho en el Evangelio de Marcos? ¿Qué propósito tienen esas modificaciones editoriales? ¿Cuál podría haber sido el objetivo teológico del autor (o del redactor)?

Crítica socio-científica

La crítica de las ciencias sociales, o la crítica socio-científica, una reciente extensión de la crítica histórica, trabaja para entender los mundos sociales dentro de los cuales los textos bíblicos fueron escritos. Típicamente este método sirve a dos amplios objetivos. Por una parte, la crítica socio-científica desafía a los lectores de hoy a tomar en serio que lo que damos por sentado en el mundo moderno puede ser, y a menudo es, bastante diferente de las convenciones sociales asumidas por los escritores bíblicos y sus comunidades. Por lo tanto, la investigación socio-científica es un elemento disuasorio contra el etnocentrismo de los lectores modernos (es decir, la suposición de que todas las personas de todos los tiempos y lugares experimentan el mundo de la manera en que lo hacemos nosotros). Por otra parte, la crítica socio-científica examina cómo los textos bíblicos encarnan y reflejan, o desafían y socavan, los mundos sociales dentro de los cuales fueron escritos. De cualquier manera, entonces, este enfoque proporciona a los estudiantes de la Biblia las sensibilidades y herramientas necesarias para comprender y recorrer los antiguos mundos dentro de los cuales los materiales bíblicos fueron escritos.

Al igual que la crítica histórica en general, no existe un único método socio-científico en la interpretación bíblica, aunque generalmente se adoptan dos amplios enfoques. El primero se centra en la descripción de los contextos antiguos sobre la base de un examen de los diferentes aspectos materiales del mundo antiguo. Esto podría incluir el número de habitantes, las actitudes hacia los niños, la vida en la ciudad frente a la vida en el pueblo, las perspectivas de la economía antigua, y así sucesivamente. La segunda, deudora de la teoría socio-científica, enfatiza la construcción de modelos sociales típicos y escrituras culturales, a menudo a través de observaciones de otras culturas, presumiblemente comparables, por las que se interpreta el comportamiento social descrito en los textos bíblicos.

Una vez que nuestros ojos se han abierto a ellos, las preguntas socio-científicas relevantes a los textos bíblicos se multiplican fácilmente: ¿Quién está en un grupo, quién está fuera y sobre qué base? ¿Qué amenaza esas definiciones? ¿Cómo se mantienen los límites? ¿Quién está arriba (en la «escalera social»), quién está abajo, y cómo se relacionan las personas de diferentes estatus sociales entre sí? ¿Cómo se abordan ciertas personas, con términos que denotan parentesco, como «seres queridos» o «hermanas» o «hijos», o con términos que connotan diferentes niveles de autoridad, como «esclavo» o «señor»? ¿Quién usa qué tipo de ropa, y qué significa? ¿Qué tipo de comportamiento parece reforzar un texto en particular? ¿A qué fuentes de autoridad apela el texto o un personaje dentro del texto?

Métodos posmodernos de interpretación bíblica

El cambio de la interpretación bíblica moderna a la posmoderna atraviesa fronteras ambiguas que no son fáciles de trazar. El posmodernismo comenzó como una reacción al modernismo, y en particular a la supuesta objetividad del modernismo. En consecuencia, los enfoques posmodernos de la interpretación bíblica se mantienen unidos no tanto por un compromiso común con un determinado método o incluso con una constelación de métodos, sino más bien por su sensibilidad crítica. Por una parte, en contraste con el pensamiento modernista de la Ilustración, los intérpretes posmodernos instan a que no tengamos una base de verdad objetivamente determinada en la que apoyarnos para hacer juicios sin valor en la labor de dar sentido. Los intérpretes no pueden esconderse tras el velo de la presunta neutralidad ideológica. Para muchos posmodernos, por otra parte, la «verdad» no existe como una realidad abstracta aparte del conocimiento humano. Así, para los estudiantes de la Biblia, el «significado» no es simplemente una propiedad del texto que el lector debe descubrir o excavar, sino que es de alguna manera el producto de la interacción de los lectores con los textos.

También podemos señalar otras diferencias. Los métodos modernos tienden a buscar el significado único y correcto de un texto bíblico, mientras que los lectores posmodernos se contentan a menudo con sugerir una lectura adicional junto con otras posibilidades; como resultado, los intérpretes posmodernos tienden a discutir menos sobre el significado único y correcto y más sobre las lecturas mejores o más útiles, frente a las lecturas peores o menos útiles. Además, la interpretación posmoderna no requiere, sino que parece ir en contra de la noción moderna de que el mundo del texto y el mundo del lector están, y deben mantenerse, separados.

Algunos métodos ocupan las fronteras entre el estudio moderno y posmoderno de la Biblia. Un ejemplo es la crítica de las ciencias sociales (véase más arriba), un acercamiento a la lectura de materiales bíblicos que puede servir para distinguir el pasado del mundo bíblico del mundo presente del lector (un acercamiento moderno), pero también permite a los lectores actuales encontrarse imaginativamente en la historia bíblica (un acercamiento posmoderno). Otros ejemplos son la crítica narrativa y la crítica retórica.

Crítica narrativa

La crítica narrativa reúne una serie de intereses y prácticas para el estudio de las narraciones bíblicas. El estudio de la narrativa tiene sus raíces en un enfoque estrecho de los textos, aparte de las personas que los crearon o los mundos dentro de los cuales se les dio forma. Los primeros críticos de la narrativa pensaron que los textos podían y debían estudiarse como artefactos verbales autónomos, entendiendo cada texto como su propia fuente única y privilegiada de significado. Para ellos, el «significado» está a disposición del intérprete principalmente mediante una cuidadosa atención al lenguaje y la estructura del texto, sin tener en cuenta las preocupaciones de tipo histórico-social, y sin ninguna manera sensata de explicar cómo o por qué diferentes lectores en diferentes momentos podrían entender la misma narrativa de manera diferente. Sin embargo, hoy en día el estudio de la narrativa difumina cada vez más las líneas entre el autor, el texto y el lector, de modo que comprendemos mejor cómo las narrativas pueden abarcar y criticar tanto el mundo antiguo como el moderno y, por lo tanto, desafiar a sus diversos lectores de diferentes maneras. Así pues, desde la afluencia de intereses narrativos en los estudios bíblicos a principios de los 1980s hasta el estudio de la narrativa en la actualidad, podemos trazar un cambio en la crítica narrativa desde las sensibilidades modernas a las posmodernas.

Como método moderno, la crítica narrativa se ocupa de la dinámica o el arte de las narraciones bíblicas, incluyendo una serie relativamente estable de elementos narrativos. Estos incluyen, entre otros, los siguientes:

  • secuencia, es decir, cómo la organización o estructura de los eventos revela cómo un evento está relacionado causalmente con otro;
  • puesta en escena-es decir, la ubicación de una escena en el espacio y el tiempo, y qué personajes están presentes;
  • tiempo, es decir, la conexión entre el tiempo tal como se podría experimentar en el mundo real y el tiempo tal como se relata en la narración, de modo que se pueden capturar meses o años en una sola frase o se pueden relatar unas pocas horas con todo detalle; y
  • caracterización, es decir, cómo se desarrolla una narración y cómo se limita lo que sabemos sobre aquellos que actúan en ella (ya sean personas, animales o ángeles).

Desde una perspectiva posmoderna, las narraciones son más que la suma de sus elementos esenciales. Tienen efectos previstos en sus lectores. Una narración es «acción», no sólo una fuente de información y no simplemente «una buena lectura». Los narradores buscan atraer a los lectores a sus tramas. Por ejemplo, los relatos bíblicos utilizan diversos medios para instar a que sus relatos comuniquen lo que es cierto: referencias a la intervención divina y lo sobrenatural, citas y alusiones a otros textos de las Escrituras, imitaciones, patrones de predicción y cumplimiento, y cosas por el estilo. Para los posmodernos, las narraciones deben ser leídas como actos de persuasión, no reducidas a su arte literario.

Crítica retórica

La crítica retórica también abarca las fronteras entre los métodos modernos y posmodernos. Este método se ocupa de la naturaleza del argumento y el arte con el que los escritores bíblicos han tratado de persuadir a sus lectores de la verdad de sus creencias. Como método moderno, la crítica retórica puede estar profundamente arraigada en las preocupaciones por la intención del autor, el contexto histórico y la mezcla de forma y contenido. Por otra parte, los críticos retóricos podrían analizar los escritos del NT, por ejemplo, de acuerdo con las normas de retórica desarrolladas y practicadas en el antiguo mundo mediterráneo. El primero de estos enfoques se centra en las propiedades estéticas de la literatura bíblica. El segundo explora cómo podríamos escuchar las palabras de los primeros autores cristianos tal como las habrían escuchado los públicos de habla griega del siglo primero, públicos más o menos influenciados por los antiguos y prevalecientes intereses griegos y romanos en el discurso persuasivo.

Los enfoques retóricos posmodernos no se limitan a describir cómo un texto puede persuadir a una audiencia. En cambio, los críticos retóricos posmodernos están interesados en cómo los textos ejercen el poder. ¿Cómo motivan los textos bíblicos a sus audiencias para actuar de ciertas maneras? ¿Cómo animan ciertas convicciones, provocan ciertas emociones y cultivan ciertas formas de pensar?

Tres acercamientos para localizar el significado

En los últimos años, muchos estudiantes de la Biblia han aprendido a catalogar las estrategias interpretativas antiguas y nuevas con respecto a dónde ubica cada una el significado en relación con el texto bíblico. Algunos enfoques se centran detrás del texto, otros en el texto y otros delante del texto.

  • Los acercamientos detrás del texto se dirigen al texto como una ventana a través de la cual se puede acceder y examinar el depósito de «significado». Estos enfoques, entonces, localizan el significado en la historia asumida por el texto, la historia que dio origen al texto, y/o la historia de la que un texto es testigo.
  • Los enfoques en el texto recalibran su enfoque en las cualidades del propio texto, su arquitectura y textura.
  • Los enfoques delante del texto se orientan en torno a las perspectivas de los diversos lectores del texto, en las comunidades de interpretación y/o en los efectos que los textos tienen en sus lectores. En este caso, los lectores no sólo identifican, sino que también ayudan a producir significado.

Por supuesto, estos son «tipos ideales» que rara vez aparecen en formas tan puras. Sin embargo, con este catálogo podemos ver fácilmente que los métodos posmodernos dan prioridad a los lectores, y por lo tanto a los enfoques frente al texto, ya que estos enfoques hacen hincapié en cómo nuestros intentos de comprender los textos están moldeados por lo que traemos con nosotros al texto: nuestra formación, nuestros intereses, nuestras preguntas.

Puede ser fácil aceptar la visión de sentido común de que la lectura es más que un acto de percibir lo que dice un texto, que la lectura es más que el descubrimiento de un significado textual. Los textos, después de todo, son inertes hasta que son revividos por sus lectores. El «significado» no es actualizado por un autor o por un texto, sino sólo cuando tomamos el texto y lo leemos. Así, la lectura empuja la percepción del pasado a la producción, y el «significado» es lo que ocurre en la intersección de los intereses textuales y los intereses de los lectores. Aunque la mayoría está de acuerdo en que los textos imponen ciertas limitaciones a su interpretación, los enfoques posmodernos reconocen que los lectores son de todos los tamaños y formas, y proceden de muchos orígenes culturales; se forman dentro de tradiciones muy divergentes; representan compromisos religiosos entrecruzados, incluidos compromisos muy arraigados y ningún compromiso en particular; y aportan a los textos bíblicos su personalidad social, política y religiosa plenamente encarnada. Incluso si experimentan los mismos textos, entonces, experimentan esos textos de manera diferente. Los métodos posmodernos dan por sentado que siempre leemos desde «un lugar», con «lugar» o «ubicación social» capaz de ser explicado de numerosas maneras, por ejemplo, en términos de género o identidad étnico-racial, tradición eclesial o estatus socioeconómico, etc.

Aquí vemos de nuevo el problema de pensar en «métodos» posmodernos de lectura de la Biblia. «Método» se refiere típicamente a los procedimientos o protocolos que uno usa para ayudar a dar sentido a un texto. Lo que hace a un método «posmoderno», sin embargo, es menos procedimiento y protocolo de lo que es la orientación y el compromiso. Los intérpretes posmodernos pueden hacer uso del análisis histórico, por ejemplo, o practicar métodos literarios, pero lo hacen con sus propios prejuicios. (Es más, los intérpretes posmodernos insisten en que todos los demás también trabajan con sus propios sesgos, incluso cuando esos sesgos no son reconocidos o no se reconocen).

Acercamientos y objetivos posmodernos

Los compromisos posmodernos se expresan, en consecuencia, de diversas maneras. La crítica feminista, por ejemplo, se refiere a un espectro de formas de abordar los textos bíblicos, no a un método como tal, sino a actos de interpretación que exponen la forma en que los propios materiales bíblicos y/o los intérpretes bíblicos han cultivado actitudes y prácticas que restringen las funciones de la mujer en los hogares, las iglesias y las sociedades. Las y los críticos feministas pueden presionar para fomentar la igualdad y las oportunidades de las mujeres en esas mismas esferas de vida e influencia. Algunas de estas obras son literarias e históricas: ¿Dónde y cómo están presentes las mujeres en los textos bíblicos? ¿Cómo entendemos sus acciones, sus voces? Parte de esta obra es perspectiva y retórica: ¿Cómo se identifican (o no) las mujeres campesinas de Nicaragua con Rahab o María o la mujer samaritana? ¿Cómo pueden los textos bíblicos implicados en las sociedades patriarcales ser escuchados como buenas noticias de un Dios misericordioso? ¿Cómo se retrata a Dios en relación con los débiles e impotentes, incluidas las viudas y muchas otras mujeres, así como los niños, los esclavos y los pobres?

La crítica afroamericana, junto con las lecturas de la Biblia fuera de los Estados Unidos entre los afrodescendientes, se refiere igualmente a una serie de compromisos e intereses. Tradicionalmente, y entre algunos hoy en día, la Biblia ha servido y sigue sirviendo como instrumento de supervivencia y liberación. Esto se debe a que los lectores negros, en particular los relegados a los márgenes de la sociedad, se han identificado tradicionalmente con los destinatarios de la beneficencia de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento. La crítica afroamericana de hoy en día podría preocuparse por destacar la presencia de África y los africanos en la Biblia; presionar contra las interpretaciones racistas de la Biblia; o luchar contra ciertos supuestos de los propios textos bíblicos, como la falta general de denuncia explícita de la práctica de la esclavitud humana en la Biblia. Además, los acercamientos afroamericanos a la Biblia podrían basarse en fuentes afroamericanas (relatos de esclavos, espirituales, sermones y hip-hop, por ejemplo) a fin de llevar las experiencias afroamericanas a la conversación con la Biblia y su interpretación.

Los ejemplos adicionales se multiplican fácilmente. Como categoría general, la crítica intercultural o contextual insta a que no existe un lector universal e ideal, sino sólo lectores de carne y hueso que llegan a los textos bíblicos desde sus contextos particulares y con sus preguntas distintivas. La crítica mujerista se relaciona tanto con la crítica feminista como con la afroamericana y se ocupa del uso de una amplia gama de prácticas interpretativas al servicio de las preocupaciones por el florecimiento de las mujeres afroamericanas, sus comunidades y otras comunidades oprimidas. La crítica latina/latino en los Estados Unidos se sitúa en primer plano de la experiencia hispanoamericana, reconociendo la inherente hibridación de la identidad hispana y siendo siempre sensible a la naturaleza artificial de un término como «hispano», que describe no a un pueblo unificado sino a muchos grupos nacionales, étnicos y lingüísticos del Caribe y América Latina. La crítica poscolonial se refiere menos a un método y más a la mayor sensibilidad de cada uno a las estructuras de poder en las que se insertan tanto los textos como sus intérpretes y, por lo tanto, a si los textos pueden utilizarse (o se han utilizado) para apoyar o criticar a los poderosos y/o a los desempoderados.

La interpretación teológica se define por su ubicación eclesial consciente, entendida especialmente en relación con las confesiones, las tradiciones interpretativas y la vida litúrgica de la iglesia a lo largo de la historia y en la actualidad. La hermenéutica misional sitúa la Biblia y su interpretación dentro del arco de la misión de Dios (la missio Dei) tal y como se articula en la Escritura; también investiga cómo la Biblia podría dar forma a la identidad y misión contemporáneas de la iglesia. La hermenéutica pentecostal representa la negociación continua de la tríada de la Escritura, la iglesia y el Espíritu Santo, ya que elabora las implicaciones de sus convicciones sobre la presencia dinámica del Espíritu Santo en y a través de la Escritura y la comunidad cristiana. Y la hermenéutica cotidiana, a veces llamada hermenéutica congregacional, se ocupa de cómo los no especialistas trabajan realmente con los textos bíblicos y cómo pueden ser formados fielmente por y para su lectura de la Escritura.

Conclusión

La Biblia puede ser leída de muchas maneras, dependiendo de los objetivos del lector. Podemos leerla como literatura, por ejemplo, ya que en sus páginas encontramos poesía y cartas, narraciones y visiones históricas, proverbios y oráculos, y muchas otras formas literarias. Podemos recurrir a ella como historia. Después de todo, encontramos entre los escritos bíblicos un gran interés en los comienzos del pueblo de Abraham y Sara, la reunión de un pueblo tribal como nación, el surgimiento y caída de líderes y reyes, la historia de la vida y el ministerio de Jesús, y la propagación de la iglesia a través del Imperio Romano. O podríamos llegar a la Biblia por su significado religioso, convencidos de que el Antiguo y el Nuevo Testamento juntos componen el testimonio autorizado de la obra de Dios en el mundo. Diferentes lectores, y comunidades de lectores, se dirigen a la Biblia con diferentes intereses, y sus intereses y objetivos los llevarán a elegir diferentes herramientas de la caja de herramientas de los enfoques interpretativos. Desde esta perspectiva, lo que al principio podría parecer una mezcla indisciplinada de métodos interpretativos puede ayudarnos en nuestros diversos esfuerzos por leer bien la Escritura.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN Y LA DISCUSIÓN

  1. ¿De qué manera, si es que hay alguna, son similares los métodos modernos y posmodernos de lectura de la Biblia? ¿Cuáles son las principales diferencias entre los métodos modernos y posmodernos de leer la Biblia?
  2. Piense en los papeles distintivos de los autores, los textos y los lectores. ¿Qué papel se le da a cada uno de ellos en la crítica de la redacción? ¿Crítica narrativa? ¿Crítica afroamericana?
  3. ¿Qué nuevos conocimientos sobre la interpretación bíblica le ha proporcionado este capítulo? ¿Qué tipo de preguntas ha generado?
  4. Dada su actual comprensión de la interpretación bíblica, ¿cree que deberíamos dar prioridad a los enfoques «detrás del texto», «dentro del texto» o «frente al texto»? Explique su respuesta.

2 comentarios en “Métodos modernos y posmodernos de interpretación bíblica

  1. Ciertamente, la Biblia puede ser leída dependiendo de los intereses del lector. Pero esos intereses deben estar normados por el deseo, según nuestra hermenéutica/exégesis occidental, de entenderla, comprenderla, explicarla y experiementar su contenido, incluyendo sus aspectos ético. También nuestro acercamiento a la Biblia debe estar normado por lo que la herencia teológica que hemos recibido de la Iglesia, también una hermenéutica/exégesis que le haga mayor justicia a su contenido y no colabore con su historia triste de manipulación.

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    1. Completamente de acuerdo. Ya se a que estudiemos la biblia para conocer su historia, su literatura o su rétorica, al final todos nos acercamos a la Biblia por un deseo de entenderla en todos sus aspectos. Al hacer este acercamiento nos unimos a una conversación con interpretes pasados y contemporaneos que han acertado en sus acercamientos y otros que han buscado manipular sus conclusiones.

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